“Por qué no puedo…
Por qué no puedo mirarme al espejo y encontrar el reflejo de lo que era antes…
Por qué no tengo voluntad para decir basta…
Por qué me cuesta tanto empezar de nuevo…
Por qué no puedo asumir mi edad como experiencia plena…
Por qué me resisto al paso del tiempo…
Por qué no puedo volver atrás en el tiempo con 20 kilos menos…
Por qué cada vez que aparece un gordo en la tele hablando de su lucha me siento tan identificada y no puedo contener el llanto…
Por qué siempre espero la mágica solución que nunca llega…
Por qué mi angustia se mitiga con la heladera…
Por qué me duele el cuerpo y siento que las fuerzas flaquean…
Por qué me cuesta tanto volver a mi rutina, caminar, nadar…
Volver a soñar y sentir que se puede…
Por qué pasa el tiempo y el cuerpo se desvanece y lo que permanece firme solo es la rutina… Cuál es el primer paso, dónde está la respuesta…
Quién tiene la llave que abre el tesoro…”
Luisa Luján
Con la autorización de Luisa, quien me escribió estas profundas líneas para compartir con todos Ustedes quiero repensar este texto que refleja sentimientos por los cuales atravesamos, en muchas ocasiones, en relación a nuestros cuerpos.
Todo comienza preguntándose por qué uno no puede y en función de ese no poder manejarse, se pierde contacto con la visión de lo que uno es, con la voluntad para controlarse, con el asumir que cada día es un nuevo desafío sin importar la edad que uno tenga, o los kilos que hay que enfrentar y aceptar. Sin pretender que las soluciones rápidas lleguen porque de ese mismo modo desaparecen, reconociendo que a veces hay caídas y flaquezas y que vivir con responsabilidad es el mayor desafío. Al final ella se pregunta quién tiene la llave del tesoro…, y mi respuesta es esta… 
El tesoro está en nuestro ser, a algunos les lleva la vida descubrirlo, otros lo visualizan antes y algunos deben transitar varias vidas hasta poder encontrarlo…
El mayor tesoro con el que contamos es lo que somos, lo que fuimos, es nuestro presente, nuestra realidad, son nuestros amores, nuestras pasiones, nuestro cuerpo, nuestra espiritualidad, nuestras anécdotas, nuestra vida simple y sencilla, atravesada por la rutina y también por momentos únicos que nos sacuden de vitalidad.
Podemos transitar la vida queriendo ser algo que no somos, pensando en que los demás tienen todo resuelto y que por tener un envase “socialmente exitoso” tienen un existir sin problemas. Podemos pretender luchar con nuestra genética, querer cambiar nuestro metabolismo, podemos cortar y pegar nuestro cuerpo, someterlo a cirugías y a todo tipo de tratamientos, sin embargo tengo la certeza de que si no aceptamos lo que somos por más bisturí y fórmula secreta jamás alcanzaremos la felicidad del alma, esa que nos da paz y una sonrisa enorme para transitar.
Creo que llega un momento de nuestras vidas donde debemos hacernos cargo de todo lo que somos, de todo lo que nos hemos hecho, de todo lo que hemos comido, de lo que la madre naturaleza nos dio y entender que lo que nos sucede es lo que debemos vivir. Que debemos procurar lo mejor para nosotros y por ello tener conductas saludables y eso no sólo implica tener una buena alimentación o hacer actividad física, que está por demás sabido que nos hace bien.
Antes que eso, en el proceso cotidiano y en el final debemos poner amor hacia nuestras personas, hasta cuándo vamos a esperar que los demás nos vean bien si nosotros somos incapaces de sentirnos de ese modo. Hasta cuándo exigiremos que los demás no nos agredan si nosotros somos los más violentos en pensamientos y acciones con nuestra esencia, con nuestros cuerpos, con cada centímetro de nuestras vidas. Hasta cuándo vamos a aguardar la pastilla mágica, el polvo curativo, creyendo que todo se reduce a una desaparición de kilos, cuando la verdad es que no hay drogas para los dramas del alma.
Tu felicidad no radica en la mayor o menor cantidad de grasa que tenés, sino salí a la calle y consultá a todas las mujeres y hombres flacos si tienen la vida resuelta por haber nacido sin problemas de obesidad, les puedo asegurar que tienen los mismos conflictos que cualquiera.
Por eso a replantear las prioridades, a empezar de nuevo una vez más, a aceptar lo que nos toca y la responsabilidad que tenemos en ello, a mirarnos con más amor y menos rechazo, a ser felices con todo lo bueno que nos sucede y a alejar el malestar continuo que nos provoca la actitud constante de disconformidad.
Sólo nosotros podemos hacer de la felicidad una realidad en nuestros días y esto no significa que nuestra vida será perfecta, sino que aprenderemos a potenciar todo lo que nos sucede para trascender, ir más allá y dejar nuestra huella…
Yo la Más Gorda de Todas
Foto: Patricia Urkiza - www.orgullogordo.com
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