Dec
Aprender a disfrutar
Las mujeres viven para las dietas, gordas, flacas, de pesos equilibrados o exagerados, todas, absolutamente todas en algún momento pasan por una dieta para bajar la vida o unos simples kilitos. 
No sé si realmente muchas lo harían racionalmente si no tuvieran la presión de esas otras mujeres que traen el chip, en su genética, de tener que ser flacas como expresión de un modelo social que compramos hace muchos años y del cual no nos desembarazamos…
Hacemos dietas para ir a una fiesta, para tomar un café con las chicas, para el casamiento o para que el sábado todas nos vean. Hacemos dieta porque el mandato matriarcal lo determina y nos persigue con la frase, muy poco feliz, “así no vas a encontrar novio”, como si por tener un cuerpo escultural uno se asegurara el amor eterno (tema para otro post).
La realidad es que hacemos dietas, por las razones más ilógicas, algunas se vuelven tan adictas a las mismas que piensan todo el día en ellas, cuentan calorías, restan energía y creatividad a sus vidas y a sus platos por miedo a comer de más. Otros hacen tantas dietas que un día miran para atrás y se dan cuenta lo mal alimentadas que han estado, el poco sabor que ha pasado por sus bocas y la triste realidad es que ya no saben cómo ver positivamente a los alimentos.
Lo triste de vivir a dieta es la sobredimensión que adquiere la comida, tememos tanto comer que, paradójicamente, pensamos todo el tiempo en ello, nos imaginamos platos que pasan por nuestros ojos y vivimos atormentados por no poder consumir lo que deseamos. Porque lamentablemente muchas mujeres cuando hacen dieta comen mal, porque no van a un nutricionista, sino que hacen la dieta que suponen mejor, la de cerrar la boca, o la de alguna amiga que con ciertas variaciones es exactamente igual y por ello los alimentos se vuelven una obsesión constante.
Lo peor de todo es que cuando la mayoría de estas mujeres ve a otra comer bien, rico, con gusto, sin culpa y disfrutando, critican, tanto que lo más fácil de comentar es “mirá esa gorda como come” (más allá de la cuestión del tamaño se suele decir esta frase) y eso se llama nada más y nada menos que envidia, porque básicamente a veces desearían comer por placer y eso en la regla de vida de muchas mujeres parece no estar permitido…
No nos excedamos, pero dejemos de vivir a dieta, los alimentos saludables son riquísimos, comer nutritivamente puede ser lujurioso para el paladar, apostemos a una vida sana, fluida y equilibrada…
Los quiero…
Yo la Más Gorda de Todas
Facebook y Msn: yolamasgordadetodas@hotmail.com
Twitter: @yolamasgorda
Todos los comentarios vertidos por los lectores son responsabilidad de los mismos.
Lee mas:
Aprender a disfrutar








